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Espacio de AlejandroVivir la vida es agradable cuando se aprende a vivirla 8月22日 45 Preguntas para determinar si eres víctima de MOBBINGLAS 45 PREGUNTAS DE HEINZ LEYMANN. A) Actividades de acoso para reducir las posibilidades de la víctima de comunicarse adecuadamente con otros, incluído el propio acosador: 1.El jefe o acosador no permite a la víctima la posibilidad de comunicarse . 2.Se interrumpe continuamente a la víctima cuando habla . 3.Los compañeros le impiden expresarse. 4.Los compañeros le gritan, le chillan e injurian en voz alta. 5.Se producen ataques verbales criticando trabajos realizados. 6.Se producen críticas hacia su vida privada. 7.Se aterroriza a la víctima con llamadas telefónicas. 8.Se le amenaza verbalmente. 9.Se le amenaza por escrito. 10.Se rechaza el contacto con la víctima ( evitando el contacto visual, mediante gestos de rechazo, desdén o menosprecio, etc. ). 11.Se ignora su presencia, por ejemplo dirigiéndose exclusivamente a terceros (como si no le vieran o no existiera). Según el profesor Iñaki Piñuel, responde al de un "psicópata organizacional" que emplea técnicas de ataque sutiles, manipula el entorno para conseguir aliados entre los compañeros de trabajo o su silencio ante esa situación, intenta "trepar" rápidamente para desde esa posición ejercitar mejor su acoso y, señaló el profesor, se ha visto que muchos de ellos ya eran hostigadores en el colegio. B) Actividades de acoso para evitar que la víctima tenga la posibilidad de mantener contactos sociales: 12.No se habla nunca con la víctima. 13.No se le deja que se dirija a uno. 14.Se le asigna a un puesto de trabajo que le aísla de sus compañeros. 15.Se prohibe a sus compañeros hablar con él. 16.Se niega la presencia física de la víctima. C) Actividades de acoso dirigidas a desacreditar o impedir a la víctima mantener su reputación personal o laboral: 17.Se maldice o se calumnia a la víctima. 18.Se hacen correr cotilleos y rumores orquestados por el acosador o el gang de acoso sobre la víctima. 19.Se ridiculiza a la víctima. 20.Se atribuye a la víctima ser una enferma mental. 21.Se intenta forzar un examen o diagnóstico psiquiátrico. 22.Se fabula o inventa una supuesta enfermedad de la víctima. 23.Se imitan sus gestos, su postura, su voz y su talante con vistas a poder ridiculizarlos. 24.Se atacan sus creencias políticas o religiosas. 25.Se hace burla de su vida privada. 26.Se hace burla de sus orígenes o de su nacionalidad. 27.Se le obliga a realizar un trabajo humillante. 28.Se monitoriza, anota, registra y consigna inequitativamente el trabajo de la víctima en términos malintencionados. 29.Se cuestionan o contestan las decisiones tomadas por la víctima. 30.Se le injuria en términos obscenos o degradantes. 31.Se acosa sexualmente a la víctima con gestos o proposiciones. D) Actividades de acoso dirigidas a reducir la ocupación de la víctima y su empleabilidad mediante la desacreditación profesional. 32.No se asigna a la víctima trabajo ninguno. 33.Se le priva de cualquier ocupación, y se vela para que no pueda encontrar ninguna tarea por sí misma. 34.Se le asignan tareas totalmente inútiles o absurdas 35.Se le asignan tareas muy inferiores a su capacidad o competencias profesionales. 36.Se le asignan sin cesar tareas nuevas. 37.Se le hace ejecutar trabajos humillantes. 38.Se le asignan tareas que exigen una experiencia superior a sus competencias profesionales. E) Actividades de acoso que afectan a la salud física o psíquica de la víctima. 39.Se le obliga a realizar trabajos peligrosos o especialmente nocivos para la salud. 40.Se le amenaza físicamente. 41.Se agrede físicamente a la víctima, pero sin gravedad, a título de advertencia. 42.Se le agrede físicamente, pero sin contenerse. 43.Se le ocasionan voluntariamente gastos con intención de perjudicarla. 44.Se ocasionan desperfectos en su puesto de trabajo o en su domicilio. 45.Se agrede sexualmente a la víctima. Perfil de las víctimas de acoso psicológico. Según el profesor Iñaki Piñuel, las víctimas de "mobbing" son personas con frecuencia brillantes en su trabajo que, por tanto, despiertan celos profesionales entre algún compañero no tan destacado y, en muchos casos, no son conscientes de que están padeciendo este fenómeno.
INTELIGENCIA EMOCIONAL: EQUILIBRIO ENTRE RAZÓN Y SENTIMIENTOSKarina Galarza Vásquez Corresponde a nosotros mantener esa armonía ¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don que les permite vivir bien aunque no sean las que más destaquen por su nivel intelectual? ¿A qué se debe que ciertos individuos tengan mayor capacidad de enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo distinta óptica que otros? La respuesta a estas interrogantes nos la proporciona particular concepto: inteligencia emocional. “Dicho término ha sido usado desde hace cinco años y agrupa a diversas cualidades, como tomar conciencia de las sensaciones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones escolares, laborales y sociales, así como acentuar la capacidad de trabajar en equipo”, refiere en entrevista exclusiva para saludymedicinas.com.mx la Dra. María Elena Anaya Dávila Garibi, psicóloga egresada de la Universidad Iberoamericana, ubicada en la Ciudad de México. Tenemos dos mentes Se ha demostrado que las personas emocionalmente expertas —conocen y manejan bien sus propios sentimientos, además de enfrentar con eficacia los de otros— cuentan con ventajas, por ejemplo, en las relaciones amorosas y al afrontar nuevos retos. “Quienes poseen esta habilidad también tienen más probabilidades de sentirse satisfechos y ser eficientes en su vida; por el contrario, los individuos incapaces de controlar sus impulsos libran batallas interiores que afectan su capacidad de concentrarse y pensar con claridad”, advierte la entrevistada. ¿Cómo nacen? Las conexiones entre las amígdalas y la neocorteza (porción del cerebro racional) son el centro de las batallas o acuerdos cooperativos alcanzados entre cabeza y corazón o pensamiento y sentimiento. Este circuito explica por qué la emoción es tan importante al momento de tomar decisiones y al permitirnos crear ideas con claridad. Cuando surge algún “asalto” emocional (como un estallido incontrolable de ira), el sistema límbico declara una emergencia y “llama” al resto del encéfalo para atender la urgencia. Ello se genera en un instante y desencadena cierta serie de reacciones antes de que la mente racional vislumbre lo que está pasando y, una vez que el momento pasa, los que han quedado así dominados tienen la sensación de no saber qué les ocurrió. Cabe aclarar que tales “detonaciones” no siempre son perturbadoras, pues si un chiste le parece a alguien muy gracioso su risa resultará explosiva. Es importante considerar que nuestras emociones nos guían al enfrentar tareas difíciles o relevantes para dejarlas sólo en manos del intelecto: peligros, pérdidas dolorosas, persistencia hacia alguna meta, vínculos con un compañero o formación de una familia. Cada una se expresa de distinta manera: Ira. La sangre fluye a las manos, y así resulta más fácil tomar un arma o golpear al enemigo; en tanto, se segrega la hormona adrenalina, la cual eleva el ritmo cardiaco. Miedo. En este caso, el fluido sanguíneo se acumula en los músculos de las piernas, lo que facilita la huida; asimismo, se generan sustancias cuya función es alertar al organismo con el fin de que se prepare para actuar. Felicidad. Aumenta la actividad del centro nervioso que “frena” los sentimientos negativos, brindando tranquilidad y entusiasmo para emprender cualquier tarea. Amo. Ternura y satisfacción sexual dan lugar a reacciones capaces de generar en la gente estado de calma y bienestar. Sorpresa. Levantar las cejas es una de sus manifestaciones, lo que aumenta el alcance visual para obtener más información sobre el acontecimiento inesperado para distinguir qué ocurre. Tristeza. Nos permite adaptarnos a pérdidas significativas, como la muerte de alguien cercano o gran decepción. “Alfabetización” del sentimiento Conocer las propias emociones. Identificar un sentimiento mientras ocurre nos brinda la capacidad de mantenerlo bajo control y estar seguros de nuestro sentir respecto a las decisiones personales. Manejo de impulsos. Quienes carecen de esta habilidad luchan contra sensación de aflicción, mientras aquellos que la poseen se recuperan con cierta facilidad de los “reveses” de la vida. Reconocer emociones en los demás. Los individuos que lo logran están mucho mejor adaptados a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan. Evidentemente, no es nada fácil mantener equilibrio entre sentimientos y raciocinio, pero está en cada uno de nosotros esforzarnos para lograr dicha armonía.
APRENDA A ESCUCHAR Y TENGA MENOS PROBLEMASRaúl Serrano Oír y escuchar son comúnmente utilizados como sinónimos, pero en realidad son conceptos distintos, siendo el segundo una virtud que pocos poseen. Para muestra basta un botón: según estadísticas, el motivo número uno de divorcio es la mala comunicación, por no saber escucharse adecuadamente; ¿es su caso? En el matrimonio, la capacidad para discutir las discrepancias es el principal indicador de una relación fructífera, donde saber resolver los problemas requiere saber escuchar. Este enunciado se puede adaptar muy bien a muchos otros aspectos de nuestra vida, por ejemplo, el entorno laboral o escolar, así como para entablar una amistad duradera. Pese a que continuamente son utilizados como sinónimos, oír y escuchar son dos actitudes distintas. La primera refiere al acto de captar una sucesión de sonidos o palabras, en tanto que la segunda es prestar atención profunda a la comunicación. Mire usted: según estudios recientes, es mayor el tiempo que pasamos escuchando que hablando, y para explicarlo mejor los investigadores indican que del tiempo total que dedicamos a la comunicación, 22% se emplea en leer y escribir, 23% en hablar, y el 55% restante en escuchar. Lo anterior no quiere decir que estemos más dispuestos a escuchar que a hablar, sino que vivimos más expuestos a estar recibiendo información que a transmitirla. Soy lo que oigo Al mostrar interés en la conversación del interlocutor tendremos como ventaja elevar su autoestima, al mismo tiempo que se genera un clima positivo para la comunicación y las relaciones interpersonales, de forma que se está contribuyendo a que la otra persona lo trate con idéntico respeto y consideración. Además, usted podrá ampliar su vocabulario indirectamente haciéndose una persona más valiosa; algunos estudios han demostrado que los individuos que tienen más éxito, independientemente de su ocupación, son los que cuentan con un vocabulario más amplio. Codina Jiménez apunta que los adultos con una educación media poseen un vocabulario de aproximadamente 2 mil palabras y utilizan sólo 400 en el 80% de sus conversaciones, a diferencia de las personas de éxito que emplean cien palabras más en su vocabulario de trabajo. Lo anterior también colabora en la disposición de más opciones para solucionar problemas, es decir, cuanto más amplio es el vocabulario, mayor es la capacidad del pensamiento para proporcionar mecanismos con los cuales identificar y resolver las contrariedades. Los medios más efectivos para ampliar el vocabulario y, por tanto, para tener mayor variedad de opciones, son la lectura y la atención del que habla. Por otro lado, quienes saben escuchar con atención aprenden de forma indirecta. Está bien, nadie experimenta en cabeza ajena, pero quien sabe escuchar atentamente descubre y se beneficia no sólo del estilo de los demás, sino también del contenido de sus mensajes. No oigo, no oigo, soy de palo · Temor a ser influidos. · Pensar que somos los dueños de la verdad. · Considerar que el otro está equivocado. · Sentir que cuando uno habla puede ejercer más influencia que cuando escucha. Otro factor que incide es la tendencia que todos tenemos a ser selectivos, es decir, escuchamos principalmente las opiniones que coinciden con las nuestras, además de que entendemos los mensajes según el modo que nos conviene, adaptándolos a menudo a las propias concepciones, las cuales previamente nos hemos formado. Otro investigador, el estadounidense Brian Robertson, identificó lo que denomina las "10 costumbres no productivas más practicadas cuando se escucha", y que afectan directamente la buena comunicación; entre ellas incluye: 1. Falta de interés sobre el tema. (No existen asuntos sin interés, sino personas no interesadas). 2. Fijarse demasiado en el exterior y descuidar el contenido. 3. Interrumpir al que habla. 4. Concentrarse en los detalles y perderse lo principal. 5. Adaptarlo todo a una idea preconcebida (es decir, ausencia de empatía). 6. Mostrar una actitud corporal pasiva. 7. Crear o tolerar las distracciones. 8. Prescindir de escuchar lo que resulta difícil. 9. Permitir que las emociones bloqueen el mensaje. 10. Ensoñaciones. (Pensar en otra cosa, en lugar de concentrarse en lo que se escucha). Igualmente, sobre los factores que inciden en la incomunicación, Alexis Codina refiere que hay muchos "ruidos" internos que nos impiden escuchar o entender lo que nos dice una persona; por ejemplo, en el aspecto físico, podemos estar cansados o sentir alguna incomodidad; el ambiente puede ser demasiado caluroso o frío; nuestra mente puede estar distraída por una discusión reciente, o tal vez le estemos dando vuelta a un problema sin resolver. Lo más indicado es identificar cuál de estos puntos incide en nosotros para actuar sobre ellos y que no sean más importantes que la comunicación con alguien de interés verdadero. Por otra parte, la "cualidad" de escuchar está presente en el ser humano desde antes de nacer y se desarrolla previamente a la posibilidad de expresarnos. Científicamente se ha comprobado que reconocemos la voz de nuestra madre en el vientre aproximadamente a los seis meses de gestación. Poco después, cuando pequeños, prestamos mucha atención a lo que se hablaba en nuestro entorno, lo cual marcó nuestra educación, prejuicios, escala de valores y experiencias. Ahora, esos son los filtros mentales a través de los cuales interpretamos lo que nos dicen, lo cual tiene mucha validez, pues a ello debemos lo que somos, pero ¿no valdría la pena retomar esa cualidad de niños y recuperar la atención que ahora se dispersa en mil factores? Piénselo, es posible que usted llegue a la misma conclusión.
BURNOUT, ESTRÉS LABORAL QUE INCAPACITA Sofía Montoya El burnout es una forma avanzada de estrés laboral que llega a desarrollar una incapacidad total para volver a trabajar y que se presenta en personas cuya profesión se basa en el trato directo con gente, como profesores, enfermeras, médicos, servidores públicos y hasta comerciantes. Conozca y prevenga el surgimiento de este mal. Es bien cierto que existen profesionistas de gran importancia social que inspiran respeto y admiración por el tiempo y las atenciones que brindan a otros individuos, tales como profesores, bomberos o personas dedicadas al servicio médico en sus diferentes vertientes, como enfermería, medicina general y urgencias. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, ya que desde la segunda mitad del siglo XX se ha encontrado que este tipo de actividades, junto con rasgos particulares de la personalidad, exponen a las personas a una forma especial de estrés que puede resultar devastador, el llamado síndrome de burnout (quemado) o de desgaste. Se ha deducido que médicos, psicólogos, asistentes sociales, profesores, policías, bomberos, guardias de cárcel, comerciantes y personal encargado de brindar atención al público se encuentran expuestos a este problema de estrés debido a que se ven involucrados durante largas horas en los problemas y preocupaciones de las personas con las que se relacionan, y en las que es cotidiano enfrentarse a factores sociales desfavorables como pobreza, violencia o muerte. Este padecimiento fue descrito por primera vez en 1974 por el psicólogo clínico Herbert Freudemberg, quien trabajaba en una clínica para personas con problemas de adicción en Nueva York (Estados Unidos). El especialista observó que luego de laborar un año, la mayoría de los voluntarios sufrían ansiedad, depresión, progresiva pérdida de energía hasta llegar al agotamiento, desmotivación en su trabajo y agresividad hacia los pacientes, de modo que lucían o manifestaban sentirse "quemados" o "fundidos". Casi al mismo tiempo, la psicóloga social Cristina Maslach, estudiando las respuestas emocionales de los profesionales "que trabajan con personas" o "de ayuda", calificó a los afectados de sobrecarga emocional o síndrome de burnout como gente con profundo agotamiento emocional, insensibilidad hacia los receptores del servicio, falta de realización personal y una serie de problemas psicológicos, nerviosos y dolencias físicas que mermaban su rendimiento. ¿Cómo, por qué? En ocasiones los afectados consideran que con el paso del tiempo o un par de días libres se solucionará el problema, pero no es así, ya que el desarrollo de este síndrome es cíclico: después de una baja laboral temporal, el afectado suele incorporarse a su puesto de trabajo con ganas de empezar de nuevo, pero la situación y los problemas con que se encuentra son los mismos y descubre que nada ha cambiado. Finalmente, se estima que en 5% a 10% de los casos la sensación de cansancio y desgaste se vuelve permanente, de modo que el padecimiento avanza a su fase crónica, misma que se caracteriza por cambios de conducta negativos en los que el trabajador se comporta "a la defensiva": evita las tareas estresantes, incrementa su consumo de alcohol y tabaco, discute airadamente con sus compañeros o comienza a tratar a las personas solicitantes de servicio en forma distanciada, rutinaria y mecánica para no comprometerse con nadie. El desgaste llega a ser tal en estos casos, que puede presentarse incapacidad para volver a laborar en este tipo de actividades. Los principales síntomas del síndrome de burnout, agrupados en categorías, son los siguientes: Falta de realización personal. El paciente tiende a evaluar su propio trabajo en forma negativa, expresa que sus actividades no le satisfacen y, por ende, presenta rasgos de baja autoestima. Deshumanización. Se desarrollan actitudes negativas, de insensibilidad y de cinismo hacia quienes reciben el servicio. Manifestaciones físicas. Suelen ser los mismos que en otros estados de estrés: cansancio, malestar general, dolores de cabeza y espalda, insomnio y alteraciones gastrointestinales y del ritmo cardiaco (taquicardias). Mentales. Persisten los sentimientos de vacío, agotamiento, fracaso o impotencia; también son frecuentes nerviosismo, inquietud, dificultad para la concentración, sentimiento de persecución, baja tolerancia a la frustración y agresividad en su núcleo familiar. Problemas de conducta. Pueden iniciarse conductas adictivas; aumenta el consumo de café, tabaco o alcohol, e incluso se incurre en el uso de drogas. También son notables ausentismo laboral, bajo rendimiento personal, distanciamiento afectivo y frecuentes conflictos con los compañeros de trabajo. Asimismo, se ha observado que existen dos grupos de factores que influyen en la aparición del síndrome, y se relacionan con las características del puesto de trabajo y con las de la personalidad del trabajador. Respecto a las primeras, es común observar el surgimiento de este síndrome en ambientes laborales tensos, con poca motivación, competencia desleal, infraestructura poco adecuada y nula probabilidad de intervenir en la toma de decisiones. Asimismo, se observa más incidencia en centros donde la atmósfera se vuelve tensa y hay mayor cercanía con hechos que no pueden modificarse, como pobreza, violencia, frustración y muerte, lo que da lugar a hostilidad entre el grupo de trabajadores. En cuanto a los factores individuales, se sabe que las personas más afectadas son las que tienen alto grado de autoexigencia y presentan baja tolerancia a que las cosas no salgan como desean, incurriendo en estados de ansiedad y frustración. También el desempeño emocional influye, debido a que quienes presentan simultáneamente problemas laborales y en su familia o pareja son más vulnerables a estrés. ¿Cómo detenerlo? Como medidas preventivas en lo individual se recomienda realizar actividades extra laborales, como asistir al cine, dedicarse a la lectura, practicar deporte o adentrarse en técnicas de relajamiento y meditación, a la vez que se deben mejorar las relaciones personales, familiares y sociales. Asimismo, en todo caso en que se considere que hace falta el apoyo de un profesional en salud mental, conviene recurrir a él sin dudarlo. Empero, se debe mencionar que la mejor manera de evitar este síndrome es cuidando el ambiente laboral; para ello, se deben generar mecanismos de motivación en las empresas y eliminar presiones excesivas en los individuos, ya que se ha observado que esto ayuda a suprimir gran parte de la presión. Asimismo, hay notable mejoría cuando las actividades productivas (y la responsabilidad) se reparten en equipo y son dirigidas por un líder capaz que marque objetivos precisos y razonables. El líder puede contribuir a la prevención del síndrome de burnout a través de: La correcta elección del equipo de trabajo para evitar la incursión de miembros que pudieran dañar el desempeño del grupo. Capacitación y actualización adecuada para el personal, a fin de que sus expectativas y motivación aumenten. Controlando los factores de estrés a través de reuniones grupales o de pequeñas actividades que ayuden a relajar al grupo o a individuos determinados. Involucrar a los miembros del equipo en la toma de decisiones o en la aportación de ideas para proponer cambios de estrategia. Desarrollar reuniones periódicas en las que los trabajadores realicen aportaciones útiles para su desarrollo conjunto o para salir de situaciones difíciles. Finalmente, se debe subrayar que las personas que brindan servicio a la población o que se encuentran en contacto directo con víctimas de distintas formas de violencia y maltrato, deben mostrarse atentas a la aparición de los síntomas del síndrome de burnout para acudir al especialista en problemas emocionales, y así evitar el riesgo de desarrollar la fase crónica del padecimiento; es por su bien y por el de toda la comunidad. MOBBING o Acoso LaboralACOSO LABORAL “Mobbing” Redacción propuesta para la vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española acoso.
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Los especialistas opinan LA AUTOACEPTACIÓN COMO ELEMENTO FUNDAMENTAL PARA EL DESARROLLO DE LA AUTOESTIMA Monserrat Gamboa Méndez La autoestima es la base de una buena salud mental, y la autoaceptación es uno de los elementos fundamentales para conseguirla, e implica lo siguiente: · Aprender a aceptarse es admitir con orgullo las propias habilidades y capacidades, pero también reconocer las fallas o debilidades sin sentirse devaluado. A fin de cuentas, como personas, tanto en lo personal como en lo laboral, somos susceptibles de estar equivocados. · De nada sirve saber que somos de determinada manera por referencia de los otros o por un breve momento de luz en nuestra conciencia; hay que acoger la verdad y tener una disposición para vivir lo que nos acontece de manera consciente. · La autoaceptación requiere que enfoquemos nuestra experiencia con una actitud que vuelva irrelevantes los conceptos de aprobación o desaprobación. · Aceptarnos a nosotros mismos no significa carecer del deseo de cambiar, mejorar o evolucionar. Lo cierto es que la autoaceptación es la condición previa del cambio. Si admitimos lo que sentimos y somos en cualquier momento de nuestra existencia, podremos percatarnos plenamente del porqué de nuestras elecciones sin bloquear nuestro desarrollo personal. · Es importante tener en cuenta que “aceptar” no significa necesariamente “gustar”, sino experimentar sin negación y sin evadirnos. Es importante reconocer que un hecho es un hecho; que se es lo que se es y que uno siente lo que siente en un momento determinado, y es un error negar ese sentimiento. · Aceptarnos es dejar de combatir lo que sentimos y lo que somos, es rendirse a la realidad y acogerla. Cuando esto sucede, puede advertirse que uno comienza a relajarse un poco, a sentirse más cómodo con uno mismo y más auténtico. · Para trascender los sentimientos indeseables tenemos que abrirnos a lo que experimentamos, permanecer conscientes de ello y recordar que somos más poderosos que cualquier emoción, pues la aceptación plena y sincera tiende, con el tiempo, a disolver sentimientos incómodos tales como el dolor, la ira, la envidia o el miedo. · Cuando aprendemos a aceptar nuestras características o conductas pasadas, dejamos de verlas como una catástrofe y entonces dejan de ser nuestros amos. · Cabe enfatizar también que al igual que es importante admitir las cosas poco gratas o negativas en nosotros, también lo es aceptar las características positivas y reconocer que poseemos potenciales poco desarrollados que constituyen toda una oportunidad de crecimiento. · En ese sentido, para lograr una total autoaceptación es vital admitir que nuestro cuerpo y nuestro ser interior son infinitamente sabios para ayudarnos a tomar las mejores decisiones. Así aprenderemos a confiar en ellos cada día más. Es importante, en especial en estos tiempos en los que la vida moderna nos rebasa, reflexionar acerca del impacto que tiene para nuestro bienestar global fortalecer nuestra autoestima, lo que sin duda dará sentido a nuestra existencia y nos permitirá vivir mucho más motivados. |
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